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Es algo curioso [La conspiración de las botellitas]

Hace un momento estaba checando mis dashboards en WordPress, cuando noté algo cuando menos curioso.

Como sabrán (cosa que dudo), antes de éste Ojos de Gato, abrí otro blog acá mismo, de nombre A Través de la Ventana, el cual pretendía convertir en un espacio dedicado al Software Libre, noticias y la Web en general. Como podréis daros cuenta si visitáis dicho sitio, tal idea nunca cuajó, gracias a mi incompetencia poca habilidad para investigar y crear contenido de calidad.

Sólo contó 20 entradas y después lo dejé para pasarme a éste. Supuse que desde entonces nadie lo visitaría. Más hoy me doy cuenta de que una de las entradas más absurdas que se me han ocurrido es una de las más vistas. No digo comentadas, por que sólo tuvo un comentario y un trackback, pero en el contador aparece como la entrada más vista de ése blog, con cerca de 200 vistas. La verdad, se me hace deveras ridículo, pero supongo que ‘alguien’ encontrará útil (o frustrante) llegar a tal entrada. Pongo el contenido completo de ella a continuación (lo dicho: una de las entradas más absurdas que se me han ocurrido):

La conspiración de las botellitas

DanupHoy andaba caminando pensando en la inmortalidad del cangrejo, cuando de repente al pasar por una tienda se me antojó no sé por qué, un DanUp (yogurt para beber).

Pues nada, cuando ya estaba por terminármelo, me dí cuenta que en el fondo del envase aún quedaba un chorrito de líquido el cual, obviamente quise terminar. Pero curioso: por más que volteara la botellita y la agitara, el reverencial traguito no salía.Y es que este tipo de botellitas tienen una forma en los bordes de la boquilla tan particulares que no me dejaron terminar correctamente el producto que compré.Entonces me puse a debrayar acerca de que no era la única vez que me pasaba. Igual ocurre con los envases de Frutsi, con los de Pau-Pau y con muchos más. Quién sabe por qué los fabricantes de estos móndrigos envases los hacen así, de forma que sea imposible acabarte la bebida. Supongo que por estrategia comercial.
Pero el DanUp estuvo rico X-)

Ven a chucu chucu wá… LMAO

Tiempo para un entrada absurda.

Es un comercial que pasa acá en México sobre una pastilla anticonceptiva. Como podrán darse cuenta, la canción es apoteósica XD.

Un problema lleva a otro

Antier, mientras estaba pensando en la inmortalidad del cangrejo (como casi siempre), recordé que tenía que hacer un trabajo para entregar. Abro el OpenOffice Writer y me dispongo a hacerlo. Todo normal, hasta que llega el momento de cambiar el formato.

Clico en la lista de fuentes y me doy cuenta de algo muy raro: no aparecen todas las que tengo instaladas. De hecho, no aparece ni la mitad. Mosqueado, verifico que el sistema todavía las reconozca. Abro las preferencias de apariencia de Gnome, sección tipografía y sí, allí están todas. Entonces, ¿que pasa?

Quise saber si sólo era del OpenOffice o de otras aplicaciones, así que instalé el AbiWord y me di cuenta de que igual, no aparecen todas. Ya muy mosqueado, me puse a investigar el por qué. Mensajes sobre como instalar las fuentes en Linux, como regenerar la caché para que el sistema las reconozca, etc. etc.

Nada. Vamos, que después de un buen de intentos, el sistema seguía igual. Me cansé, y lo dejé para ayer.

Entonces, me puse a trastearle al sistema a ver si ’saltaba la liebre’.  Copié nuevamente los archivos de fuente a /usr/share/fonts y nada. Los copié entonces a /usr/share/fonts/truetype y nada. A /usr/share/fonts/truetype/openoffice y no. Y por último a /usr/lib/openoffice/share/fonts/truetype y adivinen qué: noup. Eso ya me estaba cabreando.

Busqué por aquí y por allá y me encontré ésta página, que si bien no me resolvió el problema, me dio pistas de como arreglarlo. Al hacer lo de la parte del programa spadmin, me dí cuenta de algo curioso: no me aparecían listadas las fuentes en el cuadro de agregar. Probé todas las carpetas donde las había copiado y en una de ellas me mostró… un archivo. Bueno, íbamos progresando ^__^. ¿Qué tenía de diferente ése archivo del resto que estaba en la misma carpeta? Fijándome bien, lo descubrí: tenía la extensión de archivo, es decir *.ttf. Y los demás no.

Revisé entonces un antiguo backup de Windows que tenía por allí y saqué los archivos de fuente que tenía y que todavía tenían su extensión. Borré todas las copias que había hecho en las carpetas y copié los del backup. Luego, hice un…

fc-cache -f -v

como root para regenerar el caché de fuentes y por si las dudas, reinicié la computadora…

¡Y alé! No me cargó el GDM (XD). Sólo me mostró un mensaje con un botón de ‘Aceptar’, aunque de hecho, esto sólo lo pude suponer, por que tanto mensaje como botón, estaban escritos con sólo cuadros. Para entonces, ya no sabía si reír o… reír. Y es que a enojarme no le ví mucho sentido, por que al fin, quien cometió la tarugada fui yo.

Vamos, que al parecer, por borrar las demás copias de las fuentes, se desgració algo en el GDM. Afortunadamente, pude iniciar las X y entrar gráficamente. Con eso copié un duplicado del conjunto de fuentes anteriores (no las del backup, de Windows, si no las del backup de Debian) nuevamente a /usr/share/fonts y otra vez recargué la caché. Reinicié nuevamente y ¡vualá! Sin problemas.

Abrí el OpenOffice, y ¡yeah! También solucioné el problema. Todas las fuentes salen y son reconocidas. Igualmente por el AbiWord.

Esta vez, vaya que me hizo sudar el Pingüino, me cae.

Pero eso sí, uno aprende… un montón. (Aunque no tengo idea si lo que hice es ‘recomendable’, ya que ahora muchas de las fuentes que tengo están duplicadas, pero los programas no listan los duplicados, así que supongo que mientras funcione…).

¿Repetió?

Hoy me tocó registrar unos alumnos en el exámen de acreditación para la educación media superior (preparatoria, pues). El registro en cuestión se hace por Internet, llenando unos cuestionarios.

Ya saben: preguntas acerca de nombre, edad, ingresos, y cuestiones socio-económicas.

La institución que controla los registros y hace el exámen es una rama de la Secretaría de Educación Pública en México, por la tanto, se puede decir que son ‘autoridades’ en cuestiones educativas.

Por eso me extrañó/sorprendió mucho cuando, al estar llenando uno de los cuestionarios, en una pregunta apareció lo siguiente:

¿Repetió?

Clic en la imagen para agrandar

¡¿Repetió?! ¿Soy yo, o eso es un mega error garrafal para una página hecha por una institución educativa? Con razón el sector educativo en México es uno de los más atrasados. Chale.

Mi cuento con Debian, parte 2

En la anterior entrada comentaba mi overview de Debian, una vez que decidí instalarla. Continuaré ahora con los subsiguientes Urghhss y Yeys! que ha habido.

Después de darme cuenta de que al parecer, por poner repos de Lenny no petaba nada, vino lo que casi cualquiera con dos dedos de frente hubiera hecho: querer acceder a su información personal.

Como cuando instalé Fedora hice una partición exclusiva para el Home, supuse que Debian la detectaría y se enlazaría a ella. Pues no. Me creo un espacio /home distinto, y no montó automáticamente la partición en cuestión. La verdad esto último no me sorprendió. Sabía que no estaba ni en Mint ni en Ubuntu, así que tendría que montarla manualmente. Suerte que sé hacerlo ya casi de memoria. No obstante, como dije, quería que mi /home fuera el mismo para las dos distros. Así que sin reparar en si era posible o no causaría conflictos, me lancé a la consola haciendo un:


[kureno@LunaNueva ~]$ su -
Contraseña:
[root@LunaNueva ~]# nano /etc/fstab

Para editar el archivo fstab y hacer que montara automáticamente la partición y que la pusiera como el Home.


# /etc/fstab: static file system information.
#
# <file system> <mount point> <type> <options> <dump> <pass>
proc /proc proc defaults 0 0
/dev/hda4 / reiserfs notail 0 1
/dev/hda3 none swap sw 0 0
# Entrada /dev/hda5 (particion /home):
/dev/hda5 /home ext3 defaults 0 2
/dev/hdc /media/cdrom0 udf,iso9660 user,noauto 0 0
/dev/fd0 /media/floppy0 auto rw,user,noauto 0 0

De esta manera, hda5, la partición Home, queda enlazada como el nuevo Home. Hecho esto, a reiniciar y ver si el asunto pirulaba…

Continuar leyendo ‘Mi cuento con Debian, parte 2′

Primeras experiencias con Debian

En una ocasión leí que Debian, por su propia naturaleza, hacía que los usuarios realmente “aprendieran”. Ubuntu, Mint y otras, al hacer ellas gran parte el trabajo de configuración, ocultan lo ‘feo’ que hay detrás de poner a punto un sistema.

Ahora, después de probar por un día y medio la susodicha, debo de darles la razón. Curiosamente, la instalación y el set-up de Debian si que me ha hecho aprender, pero no tanto de Debian en sí, si no de mi Fedora y del sistema GNU/Linux en general. Así ha sido.

La cosa estuvo así:

Primero, como de momento no quería borrar a mi Fedora, inicié con un LiveCD de Ubuntu que tenía por allí. Redimensioné con GParted la partición sda1 de 23 GB a 12, dejando el espacio restante en limpio para la instalación. Hecho esto, metí el CD de Etch y comencé.

Sin problemas, hasta eso. La instalación, aunque algo lacónica, fue sencilla y no me dió problemas. Un momento de duda en lo del GRUB, pero nada más. Después de eso y el reinicio, comenzaron a venir los Urghhs…

Primero: no voy a desprestigiar a la powerful Debian con algo tan insulso, pero la verdad, el GRUB que pone es uno de los más feos que he visto. OK, conozco un buen de métodos para enchularlo, pero que no lo ponga al menos con otros colores que no sean azul y rojo me mosqueó un poco.

Segundo: Tampoco es algo que me afecte personalmente ni que me haga odiar el sistema, pero… ¿no pudieron ponerle al bootsplash una imagen de fondo/cabecera y una barrita de progreso en vez de esas espantosas letras de consola? OK, el booteo lo sentí muy rápido, debo decir (en comparación a Fedora), pero la verdad, me dió ‘cosa’.

Ésos fueron los dos primeros Urghhs. Una vez en el entorno (Gnome) ya me sentí en ‘mi elemento’ :-P . Vino entonces el tercer Urghh: el entorno Gnome que puso era el 2.18 (tal vez por ser la rama estable Etch). Después de sentir el 2.20 y el 2.22, se me hizo tan arcaico XD. Supuse que haciendo un apt-get update bajaría los paquetes más actualizados, pero nada. Entonces se me ocurrió hacer algo absurdo. Abrí terminal como root, y abrí el sources.list para editarlo.

Cambié todos los “etch” por “lenny” (la rama testing) y los MX (de México) por DE (de Alemania, que según me enteré, eran más rápidos). Y ¡alé! Un apt-get dist-upgrade y ¡vualá! 680 MB de descarga XD.

Terminado, y ya tuve el Gnome 2.22 y paquetes actualizados, aunque no estoy seguro si lo que hice estuvo bien. A ver si no peta esto por andar metiendo repositorios de otra rama.

Como sea. Eso fue el principio. Lo que pasó a continuación, que no es poco, lo pondré en sucesivos posts.

Eso sí, ha sido tan frustrante divertido ^__^.

Debian me odia

En mi camino como usuario de GNU/Linux, es lógico, como a muchos otros que nos interesa más el asunto, el probar varias distribuciones hasta encontrar la que más nos satisfaga. Iniciamos con una, y después intentamos con otra y otra. No por que la anterior no nos gustara (a veces si), o por que nos causara problemas (igual, a veces si), si no nada más para probar.

Es lo que yo he hecho también. Empecé con Ubuntu, luego pasé a Fedora, que es con la que actualmente estoy. Y ahora quiero probar algo nuevo. Tal vez PCLinuxOS u openSuSe. O alguna otra. Y entre esas otras que he querido hincarle el diente está una de las ‘efectivas’: Debian.

Icono de las distribuciones (junto a Slackware y Red Hat), es considerada por muchos como la ‘verdadera’ distro. Pero he llegado a pensar que Debian me odia.

Antes de hacer mi primer cambio de distro, me planteé cúal sería la siguiente. Las candidatas fueron la citada Debian, Fedora, Mint y Mandriva, en ese orden de preferencia. Más el CD de Debian no ruló. No pasó de la tercera pantalla de configuración. Me encabroné y puse Fedora.

Ahora, más de seis meses después, quiero probar nuevamente otros aires, y me picó la curiosidad de volver a intentarlo. Bajé el ISO, chequé que estuviera íntegro. Y lo grabé. Pero quién sabe que madres pasó, que otra vez el disco no jaló. Nada. openSuSe, que lo grabé antes, sin problemas, funciona perfecto. Pero el otro ni fu ni fá.

Por eso creo que Debian me odia. A lo mejor lo intento de nuevo, pero esta vez con el DVD. Haber si no me hace tirar a la basura otro disco.